Hasta luego, Carmi

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Hoy nos toca despedir a una de esas personas que no pasan simplemente por nuestra vida: dejan una huella.

Hoy despedimos a Carmiña Espínola, nuestra Carmi.

Muchos la conocimos en los Scouts, cuando formaba parte de la Patrulla Koala, aquella patrulla que con el tiempo llegó a guiar. Allí, entre campamentos, excursiones, competencias, canciones y noches de fogón, fue creciendo junto a nosotros. El Grupo Julio Correa fue escenario de una parte hermosa de su adolescencia, pero también fue el lugar donde construyó amistades que llevaría consigo durante toda la vida.

Carmi tenía algo que no se aprende en ningún manual scout: tenía carácter y tenía corazón.

Era exigente, sí, pero sabía exigir en la medida justa. Defendía a los suyos, cuidaba a su patrulla y respetaba profundamente a sus amigas y compañeros. Su franqueza no necesitaba demasiados filtros; decía lo que pensaba y lo hacía con una honestidad que, con el tiempo, terminó ganándose el respeto y la admiración de todos.

Y cómo no recordar sus risas, sus ocurrencias y aquellas noches interminables alrededor del fogón. Cuántas historias quedaron allí, bajo las estrellas, mientras Carmi compartía con nosotros esa alegría que parecía tener siempre un lugar reservado.

También están sus medallas.

Medallas que no fueron simplemente premios. Fueron el reconocimiento a su arrojo, a su decisión, a sus ganas de competir y, sobre todo, a esa manera de enfrentar los desafíos sin retroceder.

Y quizás esas mismas medallas fueron un anticipo de la mujer que sería.

Porque Carmi enfrentó la vida de la misma manera.

Con decisión.
Con carácter.
Con valentía.

Y cuando llegó el tramo más duro de su camino, cuando la enfermedad quiso poner a prueba su fortaleza, tampoco consiguió quitarle aquello que siempre la había caracterizado: su optimismo, su esperanza y su fe.

Por eso hoy, aunque nos duela profundamente su partida, también podemos mirar hacia atrás y sentir gratitud.

Gratitud porque tuvimos el privilegio de conocerla.

Porque compartimos con ella una parte de su vida, quizás una de las más hermosas: aquella adolescencia llena de aventuras, amistades, campamentos y sueños. Fuimos testigos de cómo una niña de la Patrulla Koala se convirtió en una mujer que dejó recuerdos imborrables en quienes tuvieron la suerte de cruzarse con ella.

Y una vida así nunca fue en vano.

Carmi dejó algo de ella en cada persona que quiso, en cada amigo que acompañó, en cada compañero de patrulla, en cada historia que hoy estamos recordando.

Por eso, a su familia, a sus amigos, a quienes caminaron junto a ella durante tantos años y también a aquellos scouts que no tuvieron el privilegio de conocerla, queremos decirles algo:

Carmi sigue siendo parte de nosotros.

Porque eso es también ser scout.

Una familia que quizás no comparte la misma sangre, pero que comparte algo que a veces es todavía más difícil de encontrar: un mismo espíritu, una misma hermandad y recuerdos que el tiempo no puede borrar.

Hoy nos toca guardar el pañuelo, apagar por un momento el fogón y dejar que el silencio diga lo que las palabras no alcanzan.

Pero no queremos despedirla con un adiós.

Preferimos quedarnos con aquellas palabras que tantos scouts hemos cantado alguna vez:

¿Por qué perder las esperanzas de volverse a ver? ¿Por qué perder las esperanzas si hay tanto querer?

No es un adiós definitivo.

Es un hasta luego.

Porque quienes creemos que un alma como la de Carmi solo puede encontrar un lugar de luz, podemos imaginarla llegando a ese último campamento, preparando su mochila, encendiendo un nuevo fogón y esperando, con esa sonrisa que tantos recordamos, a que algún día volvamos a encontrarnos.

Y cuando llegue ese momento, cuando volvamos a reunirnos alrededor de aquel fuego eterno, seguramente habrá historias que contar, risas que recuperar y cientos de noches mágicas que todavía nos quedan por compartir.

Hasta entonces, Carmi.

Gracias por haber sido parte de nuestras vidas.

Gracias por las risas, por la amistad, por las competencias, por los campamentos, por las noches de fogón y por cada recuerdo que hoy nos acompaña.

Gracias por enseñarnos, incluso sin proponértelo, que se puede enfrentar la vida con valentía y mantener la luz encendida aun en los momentos más oscuros.

Hoy lloramos porque te queremos.

Pero también sonreímos porque tuvimos la enorme fortuna de conocerte.

No es más que un hasta luego. No es más que un breve adiós.

Y mientras llega ese próximo encuentro, quedará tu nombre entre nosotros, quedarán nuestras historias y quedará encendido el fogón de la memoria.

Porque Carmi no se va completamente.

Una parte de ella queda en cada uno de nosotros.

Y nosotros, los que alguna vez compartimos el mismo camino, sabemos que aunque la vida nos lleve por distintos senderos, cuando llegue la noche y se encienda nuevamente el fogón, siempre habrá un lugar para ella.

Y entonces entenderemos que nunca estuvimos separados.

Porque, al final, seguimos siendo lo que siempre fuimos:

una sola familia.

La familia de los Scouts del 8.

Hasta luego, Carmi.

Siempre Listos. ⚜️8️⃣